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Actualidad
Miércoles 27 Abril 10:12
Las inversiones imaginarias y el salario real
En estos cuatro meses el gobierno pasó de afirmar que las paritarias se negociarían por productividad a convalidar acuerdos semestrales por el 20%.
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Tensión en el proyecto económico del Gobierno

Gradualismo errático

por Marcos Schiavi

El gobierno espera que, luego del pago a los buitres, lleguen las inversiones. Espera que esos dólares imaginarios impacten positivamente en la economía real generando crecimiento y empleo. Lo que aún no está claro es en qué sector de la economía se va a invertir y crecer: si apostando a un mercado interno hoy contraído o a uno externo que lleva años de crisis. Básicamente, ¿qué tipo de inversiones para que modelo de país? Como no está explicitado lo segundo es difícil imaginar lo primero. Son, en un punto, inversiones imaginarias. Lo que es seguro es que están retrasadas. 

Algunos justifican esa demora por la falta de previsibilidad. Es decir, hasta que el macrismo no asegure gobernabilidad a largo plazo (es decir, una década M) no llegará la lluvia de dólares productivos (los financieros, sabemos, son más rápidos). Otros, en cambio, consideran que el retraso tiene que ver con problemas propios de la economía: dólar bajo, costo país, productividad, paritarias (“de ahí que hubiera existido también cierto margen para transmitir perturbaciones. La principal: cómo ganar "productividad" en un contexto recesivo y con el principal socio del Mercosur, Brasil, cayéndose a pedazos. Traducido: paritarias”, comentó al pasar Francisco Olivera en su crónica acerca de la reunión empresarios-gobierno de la semana pasada). 

En síntesis, el problema con las inversiones es el nivel del salario real. Lo era en octubre de 2015 y, a pesar de la devaluación y los incrementos de tarifas, lo sigue siendo hoy en abril de 2016. Como dice el Presidente: “El país gasta más de lo que produce y esto tenemos que entenderlo. Estamos en el traspaso de ese país a otro productivo, donde todos recibamos lo que nos corresponde porque lo producimos”.

En estos cuatro meses el gobierno quedó a mitad de camino. Pasó de afirmar que las paritarias se negociarían por productividad a convalidar acuerdos semestrales por el 20% (comercio, construcción, carne) y anuales por más del 30% (docentes, bancarios, aceiteros, ¿metalúrgicos?). Ha sido un gradualismo errático: un dólar planchado en menos de $15, tasas al 38%, una inflación lejos del prometido 20/25%, y un déficit que prometió disminuir y no baja. En síntesis, y siguiendo la lógica del propio macrismo, se debería hacer un nuevo ajuste (disminuir el “costo país”) para seducir y así asegurar la llegada de las inversiones imaginarias. 

El problema es que el gobierno ya pagó un alto costo político por el ajuste inicial (se encuentra a la defensiva con el tema empleo, en el cual acaba de presentar un proyecto legislativo confuso; tiene fuertes cortocircuitos con los sindicatos, y sufre una importante caída de imagen presidencial); un ajuste gradualista que para aquellos que tienen que invertir parece haber quedado corto y que para los damnificados es enorme. Un ajuste que hizo crujir las endebles alianzas parlamentarias que el oficialismo supo construir a base de diálogo y fondos frescos para las provincias. 

¿Qué margen político tiene para hacer un segundo “sinceramiento”? ¿Cuán contradictorio será con ganar en 2017? Caída de salario real más gobernabilidad prolongada (entendida como ganar en 2017 y, luego, en 2019) no parecen ser compatibles. En ese laberinto se encuentra atrapado el macrismo hoy. 

En las últimas semanas se ha comenzado a entrever que el principal escollo para el proyecto económico macrista es el movimiento obrero y las distintas normativas que defienden los derechos de los trabajadores. Las editoriales del 14 y 26 de abril del diario La Nación lo muestran claramente, textos donde conviven el clásico pensamiento conservador con afirmaciones que rozan la mala intención o la ignorancia. El viernes el movimiento obrero hará su primer gran acto contra el plan económico del gobierno. Seguramente no sea el último protagonizado por los trabajadores sindicalizados. Al fin y al cabo vienen por ellos. 

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